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Merceditas Valdés y Guillermo Barreto
Merceditas Valdés y Guillermo Barreto


Drums Over Havana / Tambores sobre La Habana

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This year marks the 20th anniversary of the death of one of the best percussionists born in Cuba, Guillermo Barreto (Barrio Santa Amalia, Havana, August 11, 1929 - December 14, 1991). One of the best tributes that Cuba can devote to the master is La Fiesta del Tambor, Guillermo Barreto In Memoriam, which is celebrating its 10th anniversary and this year will be held in Havana, from March 8 - 13, 2011.

Cuba, with African roots, is a powerhouse of the drum throughout the Western hemisphere. Around one million 400 thousand black slaves came to the largest island in the Caribbean, and that gave life to a rich, living and universal  world music.

A long string of drums were played throughout these more than five centuries, with a series of rhythms, variable timbric and stellar percussionists the likes of Chano Pozo, Tata Güines, Mongo Santamaría, Guillermo Barreto, Walfredo de los Reyes, Blasito Egues, Changuito, Emilito del Monte, Amadito Valdés, Enrique Plá, Miguel Angá and many more.

Drums were a means of keeping the ancestral memory of their lost land alive for black slaves. Blacks sang and danced in the barracks, bateyes, palenques, cabildos and boarding houses when they lived in cities. In these spaces they recited their stories, they claimed their identity, they reproduced the mythological tales, their magical and symbolic universes, fables and stories in the manner of their land of origin.

Through the apparent superficiality of meetings that were characterized by hustle and bustle, fun and mobility they could hide with some skill, utlterior motives of all kinds and much less innocent than these allegedly pleasurable activities. And it is there, traditionally, that social subversives found in the celebrations an ideal space to disseminate their purposes and their actions.

But the settlers, as the African-American musicologist Isabelle Leymarie tells us, banned the drums from the beginning and destroyed them viciously.  They were the symbol of a nation that had been desecrated, the symbol of excellent rhythm and, surely Europeans knew and knew it well, the power of the rhythm in man and in life: life is rhythm.

Through their bans the colonial authorities revealed to us the importance of having meetings and parties for social disobedience and also for the transmission of that magical and symbolic universe in which mingled the myths, rites and customs conservation. (María de el Carmen Barcia)

The deportation of millions of African slaves to the Americas during the dark centuries of slavery was one of the greatest tragedies of mankind. But from those forced displacements a fascinating cycle of transatlantic cultural exchanges was born. The history of the drum and the rumba and conga is an eloquent example of this.

The drum is the instrument par excellence of the Africans and Cubans. Music historians have believed to discover the first percussive instruments in African territory. They also speak of the wealth of drums in Egypt and China. We must not forget that the first humans on the planet are thought to have been in Africa. China and Egypt are also very ancient people. In all these countries they speak in the tam-tam of tribal rites since time immemorial.

The drums of Cuba called batá, are musically the most valuable of the Afro-Cuban tradition and seem to not be outdone by membranous versions. The batá are three drums of religious character, used in ceremonies that in Cuba the Lucumís or Yoruba and Creole descendants practice.

The Batá voice is Yoruba in a generic sense. In that language it means "drum", also "skin" "leather" and "sandal". Three drums of the Yoruba liturgy itself receive the sacred name of aña or añá and the profane name of Ilú.

Rumba drums are used for the Rumba festivals; in olden times, they used boxes of candles as a "quinto", wooden fish boxes, as a tumbador. (Fernando Ortiz)

In Cuba the large Congo drums, with their yuka and makuta, were always played outdoors.

In the book, Instrumentos de la Música Folclórica de Cuba, (Instruments of Cuban Folkloric Music) they have identified 25 instrumental groups: Yuka, rosewood, the kinfuíti, biankomeko, arará, olokun, French tumba, olive, radá, nagó, tanbourin, gagá, debembé, batá, gourds or aghe, Iyesá, dundón, gangá, Trinity tunes, spiritual violins, "clave" backing vocals, rumba, conga, punto and son.

In Africa the greatest variety of very rare drums exists more than in any other part of the world. The same can said of Cuba.  Just note the collection treasured by the researcher Fernando Ortiz, preserved in the Museum of Cuban Music.

It took centuries for drums to penetrate Western European music, although there were some that were already "bleached" instruments, trans-aculturated, some with silver boxes.  In 1670 the timpani are used in this music erroneously called "serious", "classic", "scholarly". Bach and Handel used three timpani; Beethoven used drums in the Fourth Symphony.

Cuba has been for these five centuries the best letter of introduction that Africa had in America. Here in this land the instruments, rhythms and other influences have been preserved, and a wide range of timbre and technical resources have nourished and enriched the music of America and Europe.

Este año se celebra el aniversario 20 del fallecimiento de uno de los mejores percusionistas nacidos en Cuba, Guillermo Barreto (Barrio Santa Amalia, La Habana, 11 de agosto de 1929/14 de diciembre de 1991). Uno de los mejores homenajes que Cuba puede dedicarle al maestro, es La Fiesta del Tambor, Guillermo Barreto In Memoriam, que ya arriba a su X aniversario y este año se celebrará en La Habana, del 8 al 13 de marzo 2011.


Cuba, heredera de la savia africana, es una potencia en el tambor en todo el hemisferio occidental. A la más grande isla del Caribe llegaron alrededor de un millón 400 mil negros esclavos que dieron vida a un a de las músicas más rica, vivas y universales de todo el planeta.

Una larga cadena de tambores fueron reproducidos a lo largo de estos más de cinco siglos, con una serie de ritmos, variables tímbricas y estelares percusionistas de la talla de Chano Pozo, Tata Güines, Mongo Santamaría, Guillermo Barreto, Walfredo de los Reyes, Blasito Egues, Changuito, Emilito del Monte, Amadito Valdés, Enrique Plá, Miguel Angá y muchos más.


Los tambores fueron para los negros esclavos un medio de mantener la memoria ancestral de la tierra perdida. Los negros cantaban y danzaban su épica en los barracones, bateyes, palenques, cabildos, cuarterías cuando vivían en las ciudades. En esos espacios recitaban su historia, afirmaban su identidad, reproducían los relatos mitológicos, sus universos mágicos y simbólicos, las fábulas y los cuentos a la manera de su tierra de origen.

Tras la aparente superficialidad de reuniones que se caracterizaban por el bullicio, la diversión y la movilidad podían ocultarse, con cierta habilidad, propósitos transgresores de todo tipo y mucho menos inocentes que estas actividades supuestamente placenteras. Y es que, tradicionalmente, la subversión social encontró en las celebraciones un espacio idóneo para divulgar sus propósitos y organizar sus acciones.


Pero los colonizadores, como nos cuenta la musicóloga afroamericana Isabelle Leymarie, prohibieron desde un principio y destruyeron con una saña sorprendente los tambores, se trataba del símbolo de una nación a la que había profanado, era el símbolo del ritmo por excelencia y, seguramente los europeos sabían y bien que lo sabían, el poder del ritmo en el hombre y en la vida: la vida es ritmo.

Las autoridades coloniales, a través de sus prohibiciones, nos revelaban la importancia que tenían las reuniones y las fiestas para la desobediencia social y también para la trasmisión de ese universo mágico y simbólico en el que se mezclaban los mitos, los ritos y la conservación de las costumbres. (María del Carmen Barcia)


La deportación de millones de esclavos africanos hacia América durante los sombríos siglos de la esclavitud fue una de las mayores tragedias de la humanidad. Pero de esos desplazamientos forzados nació también un ciclo apasionante de intercambios culturales trasatlánticos. La historia del tambor y la rumba y la conga constituye un ejemplo elocuente de ello.

El tambor es el instrumento por excelencia de los africanos y los cubanos, los historiadores de la música han creído descubrir los primeros instrumentos percusivos en territorio africano; también se habla de la riqueza de tambores en Egipto y China. No olvidemos que en África se considera que hayan existido los primeros hombres del planeta tierra. También China y Egipto son pueblos de mucha antigüedad. En todos estos países se habla en los tam-tam de los ritos tribales desde las edades remotas.


Los tambores de Cuba denominados batá, son musicalmente los más valiosos de los afrocubanos y parecen no superados por los membranosos negros. Los batá son tres tambores de carácter religioso, usados en las ceremonias de los cultos que en Cuba practican los lucumís o yorubas y sus descendientes criollos.

La voz batá es yoruba con sentido genérico. En ese idioma significa "tambor", también "piel", "cuero" y "sandalia". Los tres tambores de la liturgia yoruba reciben propiamente el nombre sacro de aña o añá  y el nombre profano de ilú.


Los tambores de rumba se emplean para las fiestas rumberas; antaño se echaba mano, cajas de velas como quinto, cajones de maderas de cajas de bacalao, como tumbador. (Fernando Ortiz)

En Cuba los grandes tambores congos, los de sus toques yuka y de makuta, sonaron siempre al aire libre.


En el libro Instrumentos de la Música Folclórica de Cuba, comprobamos el empleo de 25 conjuntos instrumentales: Yuka, de palo, del kinfuiti, biankomeko, arará, de olokun, tumba francesa, tahona, de radá, nagó, tanbourin, gagá, debembé, batá, güiros o aghe, Iyesá, dundón, gangá, de tonadas trinitarias, violines espirituales, coros de clave, rumba, conga, punto y son.

De cualquier manera en África existe la mayor variedad de tambores de mucha rareza que en cualquier otra parte del mundo. Igual podemos decir de Cuba, recordemos la colección que atesoraba el investigador Fernando Ortiz, conservada en el Museo de la Música de Cuba.


Pasaron siglos para que los tambores penetraran en la música occidental europea, aunque ya eran instrumentos "blanqueados", transculturados, algunos con cajas de plata: Ya en 1670 los timbales son empleados en esa música llamada erróneamente "seria", "clásica", "erudita". Bach y Hándel usaron tres timbales; Beethoven emplea tambores en la Cuarta Sinfonía.

Cuba ha sido en estos cinco siglos, la mejor carta de presentación que tuvo África en América, en esta tierra se conservan, se enraizaron, instrumentos, ritmos, toques y toda una gama de recursos técnicos y tímbricos que han alimentado y enriquecido las músicas de América y de Europa.
Los tambores de Cuba influencia en la música en las américas y europa.

 

Esta página fue actualizada / this page was updated on 15-Aug-2013
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